LA MILPA

La milpa es un sistema agroalimentario, invención de los antiguos pobladores de Mesoamérica. Las plantas que la integran tradicionalmente son el maíz, el frijol y la calabaza, conocidas como la triada mesoamericana.
Cada región, de acuerdo con sus saberes y tradiciones, le ha impreso su sello particular en la selección y manejo de especies, en la elaboración de utensilios para su cultivo y en el procesamiento de productos, así como en la organización social en torno a su siembra y manejo.
En la milpa cada planta cumple una función ecológica: por ejemplo, la asociación maíz-frijol es complementaria, debido a que el frijol es una planta fijadora de nitrógeno que aporta este nutriente al maíz, y a su vez la caña del maíz proporciona sostén al frijol que irá enredándose en ella para crecer. También son complementarias por los nutrientes que aportan, particularmente los aminoácidos, que al reunirse en la dieta tradicional, ayudan a tener una alimentación balanceada. La calabaza sembrada en la parcela entre el maíz y el frijol, limita el desarrollo de malas hierbas y la sombra de sus grandes hojas pegadas al suelo ayuda a mantener la humedad del suelo; el consumo de las semillas, guías, flores y frutos tiernos o maduros de la calabaza aportan carbohidratos, proteínas, grasa, vitaminas y fibra. El chile permite un mejor aprovechamiento del espacio entre plantas, repele ciertos insectos y aporta vitaminas.
Dentro del complejo de la milpa encontramos además otros alimentos y plantas periféricos; los cactos y magueyes, a modo de cercas, ayudan a evitar la erosión del suelo, establecen límites y sirven de protección contra algunos depredadores de los cultivos. Dentro de las milpas, se suman ciertos insectos, aves y reptiles, y cohabitan mamíferos que utilizan estos policultivos a manera de refugio, para protegerse de sus depredadores naturales o como lugar de abasto de alimentos.
Es también una de las mejores prácticas de protección, desarrollo, conservación y aprovechamiento de los conocimientos tradicionales por contribuir a conservar la biodiversidad agrícola y forestal propia del paisaje de manera única en cada región. A pesar de mostrarse como una de las mejores prácticas agrícolas, va desapareciendo; cada vez es menos la gente que la siembra y que conserva los conocimientos tradicionales asociados a ella, desarrollados y heredados por cientos de años.

Recetas

Chileatole de hongos y quelites
Tlatonile de la milpa
Galletas de amaranto