CAZOS

Con la llegada de los españoles, aparecieron utensilios que sirvieron para nuevos productos y platillos que tomaron carta de naturalización en México: las carnitas de cerdo, el chicharrón y los chales se preparan en grandes cazos de cobre o de lámina, así como los dulces de leche, frutas cristalizadas, compotas, ates y conservas, que tuvieron un gran desarrollo en conventos y casas familiares durante el periodo novohispano, para aprovechar productos perecederos como frutas y leche.
Aunque su uso se extiende por todo el país, se fabrican principalmente en las comunidades de Santa Clara del Cobre, Michoacán, y en Zacualtipán de Ángeles, Hidalgo. Los artesanos michoacanos se sienten orgullosos de sus cazos, resultado de un arduo trabajo en equipo de forja y martillado del cobre. A pesar del alto precio de la materia prima, por su durabilidad y las altas temperaturas que alcanzan cuando se está cocinando, los cazos de cobre son los preferidos en las familias de una generación a otra; no así los de lámina, que se ven con mayor frecuencia en mercados y carnicerías.