METATES

El metate se emplea en las cocinas para moler diversos ingredientes: maíz, frijol, arroz, cacao, y en los talleres artesanales se muelen otras materias primas como las tierras con las que se decoran las ollas de barro. Generalmente son de piedra volcánica, y su forma varía de acuerdo con la región de donde provienen. En la mayor parte del país se asientan sobre el piso, son de una sola pieza, de forma rectangular, con tres patas que los sostienen; la molienda se realiza deslizando con presión sobre la superficie la mano o metlapil, que puede ser cilíndrica o de cuatro caras, pequeña o alargada. Sin embargo, en algunos lugares la molienda se hace en alto sobre una mesa. Es común que cada cocinera tenga más de un metate para evitar que los sabores se mezclen; muchos de ellos son heredados o regalos de boda. En Michoacán existe una danza ritual para pedir la mano de la novia, donde bailan con el metate.
Los hallazgos arqueológicos y los códices prehispánicos y coloniales reportan metates para usos rituales o para la vida cotidiana. El nombre actual proviene del náhuatl. Se utilizan principalmente para moler el nixtamal con el que se hacen las tortillas diariamente. Sin embargo, los molinos modernos los han desplazado. Se producen en la mayor parte del país, y se distinguen los de San Salvador el Seco, Puebla; Huejutla y Huichapan, Hidalgo; Comonfort, Guanajuato, y San Pedro de los Metates, Estado de México.